Portada del sitio > Español > Talleres > Creación de Redes > 1. Redes personales y redes sociales

1. Redes personales y redes sociales


Todas las versiones de este artículo:

PDF - 114.7 KB
1. Redes personales y redes sociales
6 pg

Las mujeres como protagonistas de la relación en red

Los más recientes discursos sobre la generación de redes de apoyo suelen afirmar que las mujeres no están habituadas a colaborar a partir de las redes y que ello es necesario para conseguir los objetivos que defienden, especialmente si estamos hablando del feminismo y la defensa de los derechos de las mujeres. Ante este tipo de discurso muchas mujeres se sienten ofendidas. ¿Cómo que no conocen las redes? ¿Acaso las mujeres no se han apoyado a lo largo de la historia en otras mujeres creando vínculos que les han permitido sobrevivir a ellas y a sus hijos? Trataremos de explicar esta aparente paradoja y trataremos de mostrar que en realidad no es tal.

Efectivamente, las mujeres se han apoyado las unas en las otras para llevar adelante sus tareas y sus trayectorias personales y profesionales, tanto en el ámbito rural como en el urbano. Toda una red de vecinas, amigas, madres, hermanas y cuñadas ha dado apoyo (y siguen haciéndolo en nuestra sociedad actual) a las necesidades de unas y otras, estableciendo lazos de intercambio y solidaridad sin los cuales muchas no habrían logrado sus objetivos vitales y algunas ni tan sólo habrían podido sobrevivir. Es innegable, por tanto, que las mujeres conocen y practican el valor de solidarizarse unas con otras en momentos de necesidad.

Por otra parte, la historia de las mujeres ha estado vinculada de un modo u otro a la imagen real o simbólica de la red. Red como símbolo, como estructura social, como tipo de pensamiento, como forma de relación…

La red como símbolo

Un ejemplo simbólico es la imagen del telar (Berbel, 2004), una de las más antiguas asociadas con el ámbito femenino en todas las culturas; de hecho, el término rueca, uno de los más arcaicos, también alude al telar o a la máquina de hilar. El uso de la rueca estaba tan extendido que aparece en numerosos cuentos y mitos del pasado y una muestra de su poder es que ni siquiera el poderoso rey padre de la Bella Durmiente consiguió erradicarlo completamente de su reino para proteger a su hija de la muerte.

En la mitología universal las deidades femeninas a menudo se representan junto a la rueca, entretejiendo la trama de la existencia humana, y uniendo a través de finísimos hilos los acontecimientos ocurridos en el pasado con los que sucederán en el futuro. Por ese motivo, las diosas hilanderas de la mitología griega y germánica también eran las diosas del destino. Ése es el motivo precisamente del famoso cuadro de Velázquez, Las Hilanderas, que ilustra este apartado. La aceptación del destino como vínculo entre el pasado y el futuro es la expresión máxima de la imagen de la telaraña, imagen que se ha convertido en la actualidad en un símbolo también de una nueva forma de trabajar y hacer política, liderada en gran parte por mujeres y que vamos a tratar de describir a continuación.

Figura 1 . Las Hilanderas, de Velázquez

La red como tipo de pensamiento

Algunas investigadoras opinan que, por lo menos la mitad de las mujeres, tienen un tipo de pensamiento diferente al masculino. Helen Fisher (1999) es una antropóloga que ha profundizado en este tema, argumentando que, así como los hombres actúan en línea recta con un único objetivo final, las mujeres atienden a múltiples estímulos al mismo tiempo. Todo esto nos llevaría a la posibilidad de utilizar este tipo de pensamiento para crear organizaciones y estructuras que beneficien los objetivos, en este caso políticos, de las mujeres. Según Fisher, las mujeres piensan de forma contextual, holística, en redes de factores interrelacionados. Los hombres, sin embargo, tienden a centrarse en una sola cosa a la vez, con un tipo de pensamiento compartimentado y gradual o “pensamiento por pasos”. Al parecer, estos procesos mentales suceden en la corteza prefrontal del cerebro ya que es la parte que controla la capacidad para mantenerse al tanto de muchos fragmentos de información simultáneamente, ordenar y ponderar estos datos a medida que se acumulan y descubrir pautas en dicha información. Más aún, permite prever resultados de estas pautas, tener flexibilidad mental, razonar hipotéticamente, enfrentarse a contingencias y hacer planes para el futuro. Todas estas acciones son aspectos diversos del pensamiento en red. Según los estudios llevados a cabo sobre el tema, cabe esperar que al menos el 50% de las mujeres estén genéticamente mejor equipadas que los hombres para coordinar multitud de elementos de información, fundamento del pensamiento en red. No hay más que comprobar la frenética actividad de muchas mujeres a primera hora de la mañana para darse cuenta de que esto es así: vistiendo niños, preparando sus comidas, alimentando al perro, sirviendo las galletas del desayuno y acordando horas por teléfono con la canguro, la señora de la limpieza y sus colaboradores/as del trabajo. Y todo al mismo tiempo.

De aquí a la organización de redes, sólo habría un paso. Por eso algunas autoras señalan que esta característica de pensamiento es la que facilita que las mujeres organicen estructuras en red, en lugar de jerárquicas cuando ocupan cargos de decisión.

Diferencias entre redes personales y sociales

Sin embargo, a pesar de todas estas relaciones innegables con la red, es cierto que las mujeres no han dado el paso de trabajar en redes organizadas excepto en momentos muy puntuales de la historia; tal vez podría considerarse trabajo en red el de la primera ola del feminismo, los clubes de mujeres francesas en la época de la revolución, y también el llevado a cabo en la segunda ola del feminismo, liderado en el siglo XIX por las sufragistas, o, ya en el siglo XX, la confluencia de intereses en la Conferencia de Pequín de 1995 pero han sido puntuales y lejos de la dinámica usual de las mujeres. La diferencia entre las redes personales que las mujeres establecen y la utilidad de las redes de solidaridad podríamos definirla en tres aspectos: en cuanto al uso y funciones de las redes, en cuanto a su dimensión y en cuanto a la organización.

a) Diferencias en cuanto al uso

Las redes personales que tradicionalmente han tejido las mujeres han tenido como objeto la ayuda para situaciones personales o grupales de necesidad y cuidado, básicamente cotidianas. Apoyarse entre sí en épocas de enfermedad, en el cuidado de los hijos e hijas, en las tareas domésticas, en la atención a los ancianos de la familia o incluso en el intercambio de bienes son conductas muy comunes entre las mujeres de todas las culturas y en todas las civilizaciones. Sin embargo, no hay constancia de la utilización de estas redes para conseguir un objetivo compartido o comunitario excepto en casos aislados. Ciertamente, hay noticia de agrupaciones de mujeres para luchar contra el despido de sus maridos o contra la obligación de enviar a sus hijos varones a la guerra, pero muy pocas para la defensa de sus propios derechos. Las mujeres siempre se han organizado más para defender el bienestar de sus seres queridos que el suyo propio, y sistemáticamente se han aliado con sus compañeros de clase social en las luchas políticas en mucha mayor medida que entre ellas mismas. El objetivo de las redes que proponemos en este taller y que están creciendo en la actualidad es proporcionar apoyos para un mayor empoderamiento social y profesional de las mujeres y para avanzar en las reivindicaciones feministas de igualdad efectiva.

b) Diferencias en cuanto a la dimensión

Tradicionalmente, las mujeres se relacionan en círculos pequeños, de acuerdo con su historia de “confinamiento” más o menos normativizado al hogar y sus entornos más próximos. La división sexual del trabajo ha comportado que los hombres ocuparan el espacio público y las mujeres el privado, viendo reducidas así sus posibilidades de relación e influencias en la sociedad. Este hecho, sumado a la falta de perspectiva política, ha conducido a redes de ayuda mutua personales y no profesionales o sociales, más allá de la amistad o los lazos familiares. Las nuevas redes que las mujeres están potenciando suponen la suma de muchas personas diferentes e incluso desconocidas que se unen por unos objetivos comunes, para constituirse en grupo de presión en aras de la defensa de las metas diseñadas y de acuerdo con unas estrategias concretas para llevarlas a cabo. La dimensión aumenta inmediatamente, y más desde la consolidación de las tecnologías de la información que permiten crear redes globales que involucren a mujeres de muchos países y comunidades diferentes. Las nuevas redes aspiran a influir en el mundo entero.

c) Diferencias en cuanto a la organización

De la ayuda mutua para necesidades familiares o personales, realizada de forma espontánea y sin ningún tipo de reglas o normativa, se pasa a unas redes organizadas desde la perspectiva de la influencia social. El objetivo es crear una estructura (mínima en la mayoría de los casos) pero bien afianzada en un método de acción y relación y con un acuerdo en las estrategias de trabajo común. Se trata de llegar a pactos en los contenidos de las reivindicaciones y decidir las fórmulas para triunfar en el intento. La propia red se estructura con el objetivo de facilitar estos resultados y afianzar las relaciones entre las participantes. En los próximos apartados describiremos diferentes tipos de estructuras y las metodologías que las sustentan.

EJERCICIOS PRÁCTICOS DE LA UNIDAD 1

a. Experiencias solidarias

Las mujeres nos hemos relacionado entre nosotras históricamente, desmintiendo las afirmaciones de quienes aducen sólo rivalidad entre las mujeres. Todas las mujeres tienen experiencias de solidaridad y ayuda mutua que se han repetido a lo largo de su vida.

Objetivo:

Identificar prácticas de solidaridad entre mujeres en el entorno más próximo como situación de partida para la generación de redes sociales de apoyo.

Procedimiento:

Identificar dos situaciones vitales en que se haya necesitado la ayuda de otras mujeres
Describir cómo se produjeron esas ayudas, narrando la situación de partida, la secuencia de las acciones de solidaridad y el resultado final.
A continuación identificar dos situaciones vitales en que se haya participado en la ayuda a una mujer en relación a otras mujeres.
Al igual que el apartado anterior, describir cómo se produjeron esas ayudas, situación de partida, actuaciones de solidaridad y resultado final.
Analizar los beneficios de tales actuaciones a título individual y a nivel grupal.

Metodología:

Individual

Tiempo:

Tres horas

Materiales:

Lápiz y papel. Cuadro gráfico para destacar las actuaciones y sus beneficios personales y sociales

b. Más allá del hogar

Aunque escasas, muchas mujeres tienen experiencias de participación en alguna red de apoyo, bien sea profesional, política o con fines sociales (tipo ONG). Es importante analizar su funcionamiento para aprovechar al máximo sus potencialidades.

Objetivo:

Identificar actuaciones en red en la propia vida, con el objetivo de hacerse consciente de sus beneficios personales y sociales.

Procedimiento:

Recordar actuaciones propias en forma de red a lo largo de la vida
Escribir en un papel los puntos fuertes y débiles de estas actuaciones: sensaciones, sentimientos y hechos objetivos que hayan resultado de la actuación en red.
Las mujeres que no tengan ninguna experiencia en este sentido realizarán este ejercicio de forma interpuesta, es decir, preguntando a 3 mujeres de su entorno si han tenido alguna de estas experiencias y analizando con ellas los puntos fuertes y débiles de su vivencia en red.

Metodología:

Individual (o compartida con otras mujeres para quienes no tengan una experiencia propia)

Tiempo:

Una hora y media

Materiales:

Lápiz y papel



Proyecto subvencionado por AECID Realizado por Laotong CB
Con la colaboración de Mujeres en Red y PROSA


Seguir la vida del sitio RSS 2.0 | Mapa del sitio